Rompiendo la cuarta pared

Por Diego Alonso.

La cuarta pared o cuarta barrera es la pared invisible imaginaria que está al frente del escenario de un teatro, en una serie de televisión, en una película de cine, o en un videojuego, a través de la cual la audiencia ve la actuación. Se cree que este concepto se originó en el teatro del siglo XIX, con la llegada del realismo teatral.

En el teatro, las acciones ocurren dentro de tres paredes, una a la izquierda, una a la derecha y una al fondo. La cuarta pared es, figurativamente hablando, la que separa al público de lo que ocurre en escena. Pero si de pronto un actor se dirige al público para pedir su participación o si el guión exige interactuar con los espectadores, entonces se dice que se está rompiendo la cuarta pared. De esta definición se excluye el clásico concepto del aparte en el cual un personaje se dirige directamente al público para expresar pensamientos en su mente o palabras que en la acción se supone murmura en voz baja para evitar ser oído por otros personajes en escena.

Éste término se ha adaptado al cine, donde  los personajes se mantienen en el off homogéneo hasta que se dirigen de algún modo al espectador e interactúan con él, en cuyo caso hablamos del off heterogéneo. En nuestra charla sobre la película Funny Games profundizamos más sobre este asunto y las reacciones que genera en el espectador.

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La primera vez que se rompió la cuarta pared en el cine.

En 1903 se estrenó “Asalto y robo de un tren” (The Great Train Robbery) de Edwin S. Porter. Esta película es considerada la primera obra importante del cine estadounidense y el primer western de la historia. Pero además es la primera película en que se rompe la cuarta pared.

El argumento de la película, de apenas diez minutos de duración, queda claro simplemente con su título: el asalto por parte de un grupo de forajidos a un tren y su posterior persecución por parte de la ley. Esta situación no era demasiado inusual en la época, y de hecho la película fue anunciada como la recreación del atraco ocurrido el 29 de Agosto de 1900, cuando la banda de Butch Cassidy asaltó el tren nº 3 de la Union Pacific Railroad en Wyoming llevándose un botín de cerca de 5.000 dólares.

Como toda pionera en su género, “Asalto y robo de un tren” presenta una estructura que será copiada innumerables veces: un audaz robo, violencia y muerte, huidas a caballo, una partida armada para perseguir a los forajidos y el enfrentamiento final. Asimismo estrena los iconos inmortales del western: sombreros vaqueros, el pañuelo en triángulo para cubrir el rostro, pistolas de 6 balas, rifles, el saloon, los caballos… e incluso el clásico cliché del personaje obligado a bailar entre disparos verá aquí la luz por primera vez.

Pero lo que más destaca de esta película y la hace imprescindible para la historia del cine es su acumulación de innovaciones técnicas y narrativas, que van mucho más allá de ser el inicio de uno de los géneros más populares.

Para comenzar, no sólo cuenta una historia trenzada, sino que usarán para ello diversos escenarios y platós. Esto conlleva la necesidad de unir esas tomas grabadas en distintos lugares para dar coherencia a la historia. Acaba de aparecer el montaje cinematográfico, si bien van a conocer también los problemas del mismo, viendo algunos de los primeros fallos de raccord de la historia, como la salida de personajes por la izquierda y su regreso a escena por la derecha.  Además la cámara deja de ser estática y condicionar la acción al lugar en que está ubicada, dando un dinamismo a la acción que se completa en las escenas interiores al enseñarnos movimientos por las ventanas que rompen con la teatralidad que hasta entonces tenía el cine. A ello se une el uso del  fuera de campo, que nos narra acontecimientos sin mostrarlo en imagen, como sucede cuando el guardián del tren mira por la cerradura y se aterroriza: no vemos a los bandidos, pero el espectador sabe que están tras la puerta intentando entrar.

Lo anterior junto con el pintado a mano de ciertos objetos o el humo de las explosiones y disparos y la inserción de tramas paralelas dota a la película de un mayor realismo y un lenguaje narrativo tan claro que hace innecesario insertar rótulos con narración para hacer comprender al espectador lo que está ocurriendo.

Por todo ello los asistentes que acudían al cine a verla disfrutaban en su cómoda butaca de una historia entretenida, emocionante y novedosa en muchos aspectos, que se desarrolla al otro lado de la pantalla. Una película, en definitiva, que seguramente recomendarían a sus amistades para que fueran a verla. Tras disfrutar esos 10 minutos de western todos estaban deseando salir de la sala para comentar lo interesante que les había parecido la película de Porter. De repente entra en escena uno de los bandidos, interpretado por Gilbert M.Anderson, que sería la primera estrella del western, mira fijamente al público, y sin mediar palabra saca su revólver y les dispara a bocajarro. Esta escena impresionó enormemente al público asistente que veía como la película y sus personajes dejaban de ser algo ajeno para el espectador, algo que se desarrollaba al otro lado de esa “cuarta pared” y al cual asistía como mero observador desde la seguridad de su butaca para convertirse en parte activa de la película.

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Como curiosidad decir que esta secuencia se rodó aparte, y como no estaba claro en qué punto de la película introducirla –pues era una simple provocación efectista- se dejó a elección de los montadores donde ubicarla, decidiendo usarla como colofón final a la película con el fin de maximizar el efecto desconcertante.

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