Her: La humanización de la máquina.

Charlasdesobremesa1

 

“Un día las IA van a vernos como nosotros vemos a los fósiles en las planicies de África. Un simio erguido, viviendo en el polvo, con lenguaje y herramientas primitivos. Destinados a la extinción.”

– Nathan Bateman (Ex Machina)

Imagina un mundo en el que las máquinas han entrado en nuestras vidas no solo para ayudarnos en algunas tareas, ni para sustituir ciertos puestos de trabajo; si no para hacernos sentir y transformar la sociedad como la conocemos. Para siempre.

Probablemente no tengas que pensar mucho, puesto que lo que propone Her (2013) podría pasar en un futuro próximo.

Her solo

Es interesante cómo esta película expone algo tan humano, hasta ahora, como es la empatía. La capacidad de percibir lo que otro ser puede sentir.

Desde la perspectiva de la neurociencia, podemos observar que las neuronas espejo, las cuales se encargan de comprender las expresiones faciales asociadas a emociones, tienen un papel decisivo a la hora de generar empatía. Esta clase de neuronas  se activan cuando un animal ejecuta una acción y cuando observa esa misma acción al ser ejecutada por otro individuo, especialmente un congénere. Lo curioso es que según recientes investigaciones, parece que esta emoción ha trascendido la esfera de lo humano y se podría hablar de empatía entre Hombre y Máquina. Un estudio de la universidad de Toyohashi concluía que las personas sentían empatía hacia estas máquinas y que, la clave, estaba en la apariencia humanoide.

Experimento Toyohashi

Estos estudios vendrían a confirmar que las creaciones robóticas habrían conseguido superar lo que se conoce como el valle inquietante. Esta teoría, desarrollada en los años 70 por el profesor Masahiro Mori defendía que cuanto más rasgos y comportamientos antropomórficos damos a los robots, mayor es nuestra empatía con ellos. Pero llega un momento en el que la respuesta emocional se vuelve negativa. a medida que el ser artificial parece cada vez más humano pero sin llegar a serlo del todo, lo que hace que lo veamos como algo extraño. Sin embargo, cuando la apariencia del robot continúa haciéndose más humana, la respuesta emocional se vuelve positiva una vez más y se va aproximando a niveles de empatía como los que se dan entre humanos.

Valle Inquietante

A medida que va avanzando la película se torna indispensable preguntarnos ¿Samantha es humana? o ¿simplemente el sistema operativo OS1 ha desarrollado, como comentábamos antes, una cierta “empatía” hacia Theodore? Y para responder a esta cuestión podríamos acercarnos al filósofo René Descartes, quien pensaba que el cuerpo y la mente estaban separados, siendo el cuerpo una mero soporte físico mortal de la mente y, en cambio la mente, aquello que perdura en el tiempo. Desde esta perspectiva podríamos contestar que Samantha sí es humana. Sin embargo, muchos años después, Antonio Damasio descubrió que el cuerpo y la mente estaban unidos debido al extraordinario caso de Phineas Gage, por lo que, desde esta óptica, Samantha no sería humana.

Sin embargo, viendo a Theodore se nos abre una tercera explicación, y es que no podemos evitar ver en él a un artista que está moldeando un sistema operativo para ajustarlo a sus gustos y crear un “ser” que responda a sus inquietudes. Pareciera que estuviéramos viendo a Pigmalión, aquel escultor griego que plasmó en una estatua su ideal de belleza femenino; y que, dado su enamoramiento, tras rezar a Afrodita, ésta dotó de vida a la estatua.

pigmalion pinocho

A partir de este mito, allá por los años 50-60 del pasado siglo, unos psicólogos recuperaban a esta figura clásica bajo el denominado “efecto Pigmalión”. Definido de forma rápida podría decirse que es el amoldamiento o la transformación de la realidad en base a nuestra idea sobre ella. Inconscientemente actuaremos de tal forma que, aquello que creíamos, acabará convirtiéndose en realidad. Esto también se denomina profecía autocumplida. Parece que es más evidente en un sistema operativo pero…¿y en las relaciones interpersonales existe este moldeado? Al fin y al cabo, al decir lo que nos gusta o deja de gustar, estamos dando información a las demás personas que, a su vez, van haciendo ajustes a la hora de relacionarse con nosotros, con lo que se van, de alguna forma, adaptando a la idea que teníamos nosotros  sobre las relaciones.

Por el momento no se ha llegado a un nivel de interacción tan profundo como el que se da en la película Her, pero sí es cierto que ya hay investigaciones en ese camino. El Instituto de tecnologías creativas de la Universidad del Sur de California ha creado un personaje virtual llamado Ellie que nos escucha activamente y que es capaz de analizar nuestras expresiones faciales, nuestros gestos y movimientos y las inflexiones en nuestra voz para de esta forma establecer nuestro estado de ánimo e intentar mejorarlo. Lo curioso del caso es que este asistente virtual es capaz de aprender de todos los humanos con los que interacciona por lo cual su desarrollo a medio plazo puede acercarse a medio-largo plazo a lo que es Samantha en la película Her.

Lo que está claro es que estamos inmersos en una evolución tecnológica que parece que no tiene fin. Es por tanto lógico que éste progreso afecte también a las emociones humanas. Veremos cuál es su evolución y si llegaremos a un mundo similar al de la película Her, en el cual el amor hombre máquina es posible.

Coged vuestra silla, sentaos a la mesa y sed bienvenidos.

Logo Her

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