¿Una sociedad matriarcal en el sXXI?

Por Pablo Alonso.

¿Qué pensarás, lector, si te decimos que existen las sociedades matriarcales? ¡Cómo!, ¿qué eso es ciencia ficción? Pues no, por muy raro que pueda parecer, existe.  Nos trasladamos al suroeste de China, a los alrededores del lago Lugu. Allí habita uno de los pocos pueblos que tienen un sistema matriarcal, integrado por unas 30.000 personas: los Mosuo.

Con la religión, o mejor dicho, filosofía del budismo tibetano y el dapa como fondo, enfatizando los cultos a la naturaleza, esta sociedad gira en torno a la mujer; concretamente, sobre la figura de la madre.

Desde su cosmogonía ya se va recogiendo esta idea. El culto es dedicado a diosas de la montaña y del agua, considerando las montañas grandes como deidades femeninas y, las pequeñas, masculinas.  La matriarca de los dioses, por así decirlo, sería Gamu, la montaña madre, quien sería la encargada de regir sobre los dioses y el destino de las personas, entre otras cosas.

mosuo barca

Cada familia es dirigida por una matriarca, quien es escogida de entre las distintas mujeres que conforman dicha familia, buscando a aquella que mejor organice y distribuya las tareas, ingresos, gastos, etc.  Por lo general, cada una de las familias aglutina tres generaciones: abuelas, madres e hijas, quienes viven juntas, sin la presencia de ninguna figura masculina. Los únicos hombres que se admiten en el seno de las familias son los tíos maternos, los hijos propios o los sobrinos.

En esta sociedad no existe el matrimonio ni ningún concepto parecido, con lo que el sexo es libre. Además, los hijos nacidos fruto de las interacciones, serían pertenecientes, únicamente, a las madres, siendo educados por los tíos maternos.  Los padres biológicos podrían visitarles en fechas señaladas, aunque no tendrían el componente de “paternidad” con el que podemos relacionarlos desde Occidente.

Los Mosuo son unas de las 56 etnias reconocidas por el estado chino. Considerados un subgrupo de los Naxi (etnia habitante de la zona del Himalaya), ellos prefieren considerarse un grupo autónomo, denominándose Na.

La forma de vida de este pueblo y de otros muchos, que aún perduran frente al inexorable avance de la occidentalización, nos hacen ver que otras formas vida, con otros conceptos, son posibles. Desde luego, pone en entredicho los absolutismos que se predican respecto a los formatos de familia, de jerarquía o de estructura social en general.

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