Cuestión de género

Por Pablo Alonso.

¿Son los géneros meras construcciones? ¿Hay algún tipo de interés por perpetuarlos? Lo que está claro es que el género va a condicionar, dándonos una determinada perspectiva. Aunque antes de entrar en materia en este artículo, habría que describir qué es esto de género.

Dicho a grandes rasgos, podría decirse que el género cinematográfico sería la etiqueta bajo las cuales agrupamos determinadas películas, permitiendo posicionar al público respecto a ellas, así como generar determinadas formas de producción. Así, nos encontraríamos con una doble función.

Cuando queremos ver una película, ya sea acudiendo a alguna plataforma digital, o bien a los establecimientos físicos (cada vez más en desuso), podremos encontrar las películas aglutinadas bajo una serie de categorías que nos permiten hacernos una idea de lo que vamos a encontrar en ese film. Los mismos elementos, en función de cómo se entremezclen, pueden dar lugar a un tipo de película o a otro, con lo que hay que definir una serie de características que le faciliten al espectador las cosas. A lo largo de los años, el espectador ha sido educado en el visionado de películas, ayudándole a reconocerlas, simplemente, con la etiqueta, fruto de la repetición de convenciones que hay bajo esa categoría. Cada género presenta una estructura formal concreta, construyendo una determinada historia, con una serie de motivos, personajes, etc. 

Como dice Rick Altman, el género no sería una mera etiqueta, o no se quedaría ahí, sino que sería un esquema básico que, tras mucho repetirse, se ha convertido en algo reconocible para el público. Enseña cómo leer la película. Llegamos así  a la otra función que comentábamos al principio: la producción.

estudios de cine

Allá por los años treinta, el género se presentó como la forma de consolidar las producciones. Cada estudio, en función de los medios que tenía, y en los que había invertido, parecía especializarse en un género. Gracias a la consolidación de determinadas estructuras, y al haber acostumbrado al público a la existencia de unos pocos tipos de películas, se le podía dar a la máquina de producción para hacer películas en serie que, además, contaran con la aprobación de los espectadores. No hay más que ver cuántas películas similares hay, donde lo único que cambia son los nombres de los personajes; lo cual no supone un gran quebradero de cabeza y sí pingües beneficios.

La repetición es esencial para consolidar el género, pero también tienen que ir evolucionando poco a poco. En los setenta apareció una nueva generación de directores que reformularon los géneros, dando lugar a la hibridación (pensemos, por ejemplo, en la cantidad de etiquetas que hay dentro de la categoría “comedia”). Esta hibridación permitió, y permite, llegar a una mayor cuota de mercado, facilitando a la industria cinematográfica buscar la máxima rentabilidad.

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