El cuñadismo

Por Román Trenado.

Quizá usted, lector, conozca a cierto tipo de sujeto que actúa de una manera muy peculiar. Su comportamiento gira en torno a la participación en cualquier tipo de debate, ya sea sobre zoología, física cuántica, ornitología o, sobre todo, de política. Lo curioso del caso no es su mera participación en estas conversaciones, sino que parece alardear de una gran sabiduría en todos los ámbitos habidos y por haber. Es decir, es una suerte de todólogo (persona que cree saber de cualquier tema). Probablemente lo reconozca cuando escuche frases como: “no entendí muy bien los cambios que hizo el entrenador, todo el mundo sabe que para ganar hay que apostar por los medias puntas…hazme caso amigo, que he jugado mucho al fútbol” o, “la verdad es que los inmigrantes no saben convivir con los demás, y no es porque sea racista, que tengo amigos de color” Como si tener amigos de color otorgase cierta autoridad para hablar de inmigración.

Estos sujetos se identifican, pues, por aparentar saber sin tener realmente ideas claras o, por lo menos, fundamentadas sobre aquello de lo que hablan. Sin embargo ¿es esta figura propia de nuestro tiempo? Lamentablemente no. Ya en el siglo IV antes de nuestra era, Platón hablaba de estos sujetos a los que denominaba “sofistas” que eran aquellos que hablaban por medio de imágenes, y las imágenes son aquellas cosas que parecen ser verdaderas pero que no lo son; “el sofista de muchas cabezas nos obligó a admitir, a pesar nuestro, que lo que no es, en cierto modo es” El sofista es, por tanto, aquel que habla como si supiera de lo que habla, con total contundencia, defendiendo unos intereses, pero que, sin embargo, no tiene fundamento o consistencia alguna si escarbamos algunos centímetros.

Platón

Dando un salto temporal, el filósofo alemán Friedrich Nietzsche hablaba de los ilustrados como aquellos que eran capaces de acaparar y leer grandes enciclopedias con una finalidad, digamos, de “postureo” donde más que entender y comprender lo que leían, simplemente podían decir que lo habían leído. Es decir, que lo que primaba de nuevo era aparentar que sabían.

Actualmente, la figura del todólogo es quizás mucho menos compleja, pues sus fuentes no son otras que internet y, sobre todo, la televisión; y lamentablemente estas fuentes (aquellos que escuchan en televisión o internet) también adolecen de este mal bajo la figura de “el tertuliano” que son estos señores y señoras vestidos con percha, que simulan ser pseudointelectuales y que debaten de cualquier cosa que le echen. Así pues, se crea un vínculo por el cual estos impostores (los tertulianos) generan opinión vacía que cala en la sociedad creando un ejército de “cuñados” que, desafortunadamente, nos encontramos en todas las cenas familiares repitiendo como un altavoz o disco rallado lo que han absorbido.

tertulianos

Con todo, si hay un sofista, todólgo, “tolosa” (todo lo sabe en jerga rural) o cuñado, como queramos llamar a esta figura atemporal, que más inquietud genera es el experto en política. Si su posición es de “derechas” dirá cosas como “el comunismo ha generado trillones de muertes”, y si es más bien de izquierdas alegará “Hitler empezó pensando de ese modo en el que piensas”. No obstante, hay frases que valen para todo el espectro político y que le ayudará a reconocer a estos sujetos:

  1. La violencia es mala venga de donde venga;
  2. Estamos en un estado de derecho;
  3. Todos roban; el que la haga que la pague;
  4. Tu libertad termina donde empieza la mía;
  5. etc…

Da igual donde saque, este tipo de cuñado, dichas frases y en el orden en el que lo haga, que siempre quedará bien en cualquier tertulia de bar o, como decía, en la cena familiar de todos los años. Lo realmente preocupante de este asunto que, en ocasiones resulta hilarante, es que no es excepcional, sino que se trata de la norma, está cada vez más extendido y estandarizado. Por contra, el pensamiento crítico es difícil de encontrar, estamos ante una sociedad día tras día más empobrecida educativa y culturalmente. Y cabe recordar, que la base de un pueblo democrático es la educación de su ciudadanía.

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