El viaje “triunfal” del Vasa.

Por Diego Alonso.

Si hablamos de barcos que se hundieron en su viaje inaugural a todos nos viene a la cabeza la trágica historia del RMS Titanic, aquel barco de la White Star Line que se hundió en la noche del 14 al 15 de abril de 1912 en aguas del Océano Atlántico por culpa de un Iceberg que tuvo la mala suerte de cruzarse en su camino. Pero, ¿Y si os digo que hubo un barco que tras ser botado navegó apenas 300 metros antes de hundirse?

Retrocedamos hasta la década de 1620, las naciones europeas se hallaban inmersas en la Guerra de los Treinta Años, un conflicto que se había iniciado en 1618 entre partidarios de la reforma protestante y la contrarreforma católica dentro del Sacro Imperio Romano y que había derivado gradualmente en una guerra total por toda Europa, enfrentando a prácticamente todas las naciones europeas por asuntos que no siempre tenían que ver con la religión.

Suecia era una de esas potencias belicosas que participaba en el conflicto, y pretendía hacerse con el control total del mar Báltico, pero tenía un problema, su flota no tenía capacidad suficiente para llevar a cabo semejante tarea. Para ponerle remedio, el Rey Gustavo II Adolfo de Suecia mandó construir cuatro grandes naves, siendo la mayor el galeón Vasa, barco que tenía el honor de llevar el nombre de la dinastía real y que estaba destinado a ser el orgullo de la marina del reino nórdico. Sería la nave más poderosa de su tiempo y le permitiría hacerse con el control absoluto del Báltico.

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Gustavo II Adolfo mandó talar mil robles que servirían para construir el navío y en enero de 1626 la nave comenzó a construirse. Sus dimensiones sorprenden aún hoy en día: tendría 69 metros de eslora, tres mástiles capaces de soportar diez velas y un peso total de 1200 toneladas.

El Vasa tardó ocho años en construirse en unos astilleros cerca de Estocolmo, pero en el último momento, el rey sueco ordenó añadirle un puente más y otra doble fila de cañones, pretendiendo alcanzar la increíble cifra de 72 cañones, lo que le convertiría en una fortaleza flotante invencible. Para poder acceder a los designios del monarca los constructores navales se vieron obligados a destinar dos cubiertas completas para cañones, lo que acrecentó su peso, por lo que hubo que compensarlo con 120 toneladas de piedra en el fondo del navío para estabilizarlo una vez en el agua. Aún así, la embarcación era demasiado alta con respecto a su manga y su centro de gravedad era excesivamente alto.

vasa

El 10 de agosto de 1628, el orgullo de la marina sueca fue botado en las aguas de Estocolmo. El capitán Söfring Hansson ordenó al Vasa partir en su viaje inaugural. El día estaba en calma y el barco llevaba las troneras abiertas para lanzar unas salvas cuando dejara la ciudad. Cuando el barco pasó cerca de los acantilados de Södermalm, una ráfaga de viento llenó sus velas y lo escoró bruscamente a babor. Tras conseguir enderezarse, una nueva ráfaga de viento escoró la nave nuevamente, entrando esta vez agua a través de las troneras de las cubiertas inferiores. El agua comenzó a inundar la bodega y el barco se hundió rápidamente a apenas 120 metros de la costa para estupefacción de los allí congregados, entre los que no se encontraba el monarca que había sido el causante de tal fatídico destino, ya que en esos momentos se encontraba guerreando en Polonia.

La investigación posterior intentó buscar un “chivo expiatorio” para explicar las causas del naufragio: se cuestionó si el barco había sido manejado correctamente, si la tripulación había bebido o si había habido errores en su construcción. Finalmente nadie fue castigado y la culpa recayó en Henrik Hybertsson, constructor naval del buque, que había muerto años antes.

Más de 400 años después, un arqueólogo e historiador aficionado sueco, Anders Franzén, descubrió que en la bahía de Estocolmo, por una conjunción de casualidades de salinidad, temperatura y composición mineralógica, el agua no crea parásitos xilófagos, que son los culpables de corromper la madera y hacer que desaparezca en poco tiempo.

Sin ayuda oficial, con una barca, una sonda y mucha paciencia, en 1956 encontró el lugar exacto del hundimiento del navío y el 21 de julio de 1961, el Vasa emergió completo y casi intacto de las aguas de la bahía de Estocolmo. Hoy el Vasa se exhibe en su propio museo, construido para albergarlo a las afueras de Estocolmo.

vasa museo

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