Efecto pigmalión

Por Pablo Alonso.

Cuenta Ovidio en la Metamorfosis cómo Pigmalión, rey de Chipre, cayó rendido ante la creación que sus manos habían producido. Mucho fue el tiempo que estuvo buscando una esposa que se amoldara a su ideal de belleza, y de mujer perfecta; pero tras no dar con ella, decidió volverse hacia aquello que a él más le gustaba: la escultura. Sus manos moldeaban el mármol como nadie era capaz de hacerlo. Así, creó una estatua tal que lo enamoró, que se convertiría en el reflejo de aquello que había estado buscando durante tanto tiempo. Tras dirigir plegarias a Afrodita,  ésta, conmovida, dotó de vida a la estatua y…si quieres conocer el final de esta historia, querido lector, lee el libro X de la Metamorfosis.

Pues bien, unos cuantos siglos después, remontándonos a hace unos 50 años, concretamente a 1968, que es cuando se publicaron los resultados, Roshental y Jacobson detectaron que, las expectativas y creencias de una persona respecto a otra, afecta a la conducta de éste, confirmando lo que el primero creía. Esto es lo que se conoce como efecto Pigmalión.

¿Qué hicieron estos dos psicólogos? En primer lugar, se trasladaron a una escuela de San Francisco, centrándose en aquellos alumnos que se encontraran entre el primero y el sexto curso. Pero te equivocas si piensas que fueron los alumnos los conejillos de indias; ¡fueron los profesores! Lo que nuestros autores hicieron fue proporcionar una serie de información a los docentes, acerca de las supuestas capacidades de aprendizaje de los alumnos. Obviamente, para avalar dichos datos, dijeron que, previamente, habían hecho unos obligados test de inteligencia y, por tanto, los resultados tenían detrás el apoyo de la “ciencia” (esto último no lo dijeron ellos, sino el que se dirige a vosotros); aunque la relación alumno-capacidad de aprendizaje fue asignada por mero azar. Lo que se quería comprobar es si las expectativas de los profesores sería algo determinante o no en el desarrollo de intelectual de los escolares.

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Al final del experimento, cuando, ahora sí, se hicieron evaluaciones, se encontró que, efectivamente, aquellos alumnos sobre los que se habían tenido determinadas expectativas hinchadas, tuvieron un mayor desarrollo intelectual. La explicación que encontraron Roshental y Jacobson fue que, el profesor, debido a lo que esperaba de sus alumnos,  pondría más empeño en ellos. Además, el alumno, al percibir esto, correspondería a la actitud de sus maestros, confirmando sus expectativas.

Parece que, la forma en la que nos comportamos con las personas, moldea a aquellos, que alterarán su actitud respecto a nosotros, ajustándose e introduciendo cambios en su interacción con nosotros. Podría decirse que, al igual que Pigmalión, también nosotros, cada uno, somos escultores, aunque de otra clase.

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