El viaje imposible. ¿Nos engaña la nostalgia?

Por Juan Luis Saavedra.

Parece que cualquier tiempo pasado fue mejor ¿verdad? Añoramos cuando éramos unos niños despreocupados jugando en el barro, aquel viaje inolvidable con nuestros amigos y esa relación que no pudo ser. Casi como si el ayer fuera más dorado y auténtico que el propio presente. Desnudamos el pasado de toda maldad para quedarnos solamente con los buenos momentos y los llegamos a idolatrar, deseando que solo por un instante, todo volviera a ser como entonces.

¿Por qué nos seduce tanto el ayer?

Resulta curioso echar la vista atrás y contemplar cómo la nostalgia siempre ha sido considerada una enfermedad. A finales del siglo XVII, el médico suizo Johannes Hofer creó esta palabra que deriva del griego nostos (regreso) y algos (dolor), para describir el estado de ánimo de los soldados suizos que luchaban fuera de su país, y que sentían una “tristeza originada por el deseo de volver a casa”. Sobra decir que para Hofer la nostalgia era una enfermedad. 

Más tarde, en el siglo XIX, los psicoanalistas explicaban la nostalgia como una forma patológica de melancolía. Llegaban a pensar que era un trastorno psíquico que perturbaba el pensamiento y era síntoma de una depresión indomable. Lo llamaban “psicosis del inmigrante”.

Sin embargo, a partir de 1979, el sociólogo Fred Davis y numerosos estudios, entre los que destacarían los de las universidades de Southampton y Sun-Yat-Sen, están haciendo tambalear la concepción de la nostalgia como algo negativo y están abriendo nuevos horizontes.

¿Entonces debemos abrazarla o alejarnos de ella?

Nostalgia universoLos estudios más recientes apuntan en una dirección muy clara: la nostalgia no solo aumenta el bienestar, sino que también proporciona un efecto preventivo, ya que actúa como un abrigo protector que impide que los peores pensamientos enturbien el estado de ánimo. Podemos decir que es completamente normal que demos un paseo ocasional por esos momentos en los que éramos más jóvenes y nos enfrentábamos a un mundo por descubrir.

Por otra parte la nostalgia crea y refuerza los vínculos sociales. Todos nos hemos encontrado alguna vez con esa persona que conocimos en el colegio o el instituto y cuyo tema de conversación se centra exclusivamente sobre cómo eran aquellos tiempos. O mejor dicho, de cómo creemos que eran.

Y es que quizás este sea uno de los grandes problemas de la nostalgia, muchas veces aquello que estamos recordando, se encuentra completamente idealizado.

Nostalgia charlas de sobremesa

Nuestra memoria es reconstructiva. Cada vez que evocamos un recuerdo, este pasa por un periodo de reconstrucción en el que influyen nuestras expectativas, deseos, estereotipos y valores morales hasta el punto de que llenamos huecos que no recordamos y hacemos lógico lo que no lo era en su momento. Y en el caso de la nostalgia tendemos a olvidar los momentos negativos. 

Todos hemos escuchado o utilizado la frase “cualquier tiempo pasado fue mejor“, y en gran medida se fundamenta en esto. Además si entendemos la vida como una especie de viaje o una narración con inicio, nudo y desenlace; es fácil identificar la causa de esta idealización. Cuando a mitad de nuestra historia echamos la vista atrás, nos encontramos con ese catálogo de momentos que desearíamos repetir pero que se muestran inalcanzables, como si un enorme lago llamado “tiempo” nos separara.

Y aquí ocurre algo mágico. Idealizamos todo aquello que anhelamos y somos incapaces de conseguir. 

Facebook nostalgia

Por otra parte, cada vez es más sencillo “digitalizar” nuestros recuerdos; convertidos en fotografías, vídeos o incluso comentarios que acabamos depositando en las principales redes sociales. Nos hemos acostumbrado a navegar por nuestro pasado gracias a estas plataformas, en las que además triunfan páginas dedicadas a devolvernos a esos momentos (yo fui a EGB, yo amo a los 80, etc)

Es fácil caer en la trampa que nos tiende la nostalgia y pensar que nuestro yo del pasado era brillante y luminoso mientras que ahora no somos ni la sombra de lo que fuimos ayer. El problema es que cuando pensamos que nada volverá a ser como entonces, sin saberlo, estamos construyendo un “búnker” que nos aísla de la inevitable ansiedad que a veces nos produce el futuro, pero que sin lugar a dudas nos impide disfrutar del presente.

Todos tenemos derecho a una pausa en nuestra historia para abrir el libro de esos momentos tan personales y tan añorados, pero debemos ser prudentes, no es lo mismo dejarse llevar de vez en cuando por la nostalgia que vivir esclavizado por ella.

 

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