La vida es una narración

Por Pablo Alonso.

¿Cuántas veces podemos contar una “misma” historia a lo largo de nuestras vidas? Cada vez que nos encontramos en un contexto social, ya sea acompañado de algún amigo, familiar, conocido, etc., es muy común el revivir algún tipo de aventura pasada, que puede haber sido compartida con nuestro interlocutor, o que simplemente le hacemos testigo de la misma al contársela. Sin embargo, a pesar de haber contado en numerosas ocasiones la misma historia, nunca es la misma, y cada vez es diferente. El hecho de narrar y de compartir implica que se tenga que imponer un orden sobre aquello que va a ser dicho para que resulte inteligible. Curiosamente,  aquellos elementos que integran la historia van modificándose y alterándose con el paso del tiempo.

Esto es algo que, durante mucho tiempo, estudió el ya difunto Jerome Bruner quien,  aunque se le conozca especialmente por sus trabajos en el ámbito de la psicología educativa, también se hizo un hueco dentro de la psicología cultural. Se dio cuenta de que, en las cenas de navidad, cuando se reunía con su familia, se repetían, año tras año, las mismas historias pero, con cada cena, iba cambiando ligeramente. Cada integrante de la familia iba aportando una versión de unos mismos acontecimientos y, en el acto de narrar y de compartir con los demás integrantes de la familia, la historia quedaba trocada hasta el año siguiente, cuando volvería a ser contada, aunque de una forma distinta.

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Las historias están sometidas a una constante construcción y transformación en la medida en la que interpretamos y reinterpretamos nuestra experiencia, permitiéndonos capturar el tiempo de vida y tomar conciencia del mismo.  Al narrar no sólo estaríamos exponiéndole al otro unos acontecimientos, sino que nos estaría obligando a dotar de una estructura interna a nuestra propia experiencia, que puede que todavía no estuviera organizada y se hubiera quedada en un conjunto de sensaciones. Operaría como un instrumento en la construcción de la realidad.

En la medida en la que nos relacionamos con otras subjetividades, intercambiamos e incorporamos (modificamos) elementos de esas historias a las propias, con lo que habría que plantearse donde empiezan nuestras propias historias y donde aquellas que escuchamos; y cómo nuestro discurso se ve transformado en dicha relación. Vivimos a través de lo que nos ha sido contado y de lo que nos contamos nosotros mismos.

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Dejemos que este artículo lo concluya el filósofo parisino Jean-Paul Sartre.

“El hombre es siempre un narrador de historias, vive rodeado de sus historias y de las de otras personas, él ve todo lo que le sucede en los términos de esas historias y trata de vivir su vida como si la estuviera contando”

Y es que, la vida es una narración…

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