El cerdo que pudo iniciar una guerra.

Por Diego Alonso.

Año 1859, Isla de San Juan, en la frontera entre EE.UU y la América del Norte Británica. Un cerdo cruza la frontera y entra en las tierras de Lyman Cutlar para dar buena cuenta de los tubérculos que el granjero había plantado. Este no era la primera vez que el animal invadía el terreno del Cutlar por lo que, cansado de ver cómo el animal devoraba continuamente sus cultivos entró en casa, descolgó el rifle y le pegó un tiro al susodicho invasor, dándole muerte.

El cerdo pertenecía al granjero irlandés Charles Griffin, el cual estaba contratado por la Compañía de la Bahía de Hudson para dirigir un rancho de ovejas cercano. Cutlar ofreció diez dólares como compensación por el animal perdido pero Griffin exigió que le pagara 100. El conflicto entre los granjeros fue aumentando en intensidad hasta que Cutlar decidió que puesto que el cerdo había entrado sin su consentimiento en su propiedad no tenía por qué compensar a Griffin. Éste decidió dar parte a las autoridades británicas quienes amenazaron con detener a Cutlar, quien optó por pedir ayuda a su vez a las autoridades americanas. Pero, ¿Cómo se había llegado a esta esperpéntica situación?

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Retrocedamos hasta 1846, el Tratado de Oregón resuelve la disputa fronteriza dividiendo el Territorio de Oregón y la Columbia Británica entre los EE.UU y el Gran Bretaña “siguiendo el paralelo 49 de latitud norte hasta  el centro del canal que separa el continente de la Isla Vancouver, y de allí hacia el sur a través del centro del canal y del estrechó de  Juan de Fuca, en el océano Pacífico”. Sin embargo, no quedaba muy claro qué se considera el “centro del canal” ya que hay dos estrechos (el de Haro, en la parte oeste de las Islas San Juan; y el de Rosario, a lo largo del lado este) que podía entender como tales.

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En 1856, EE.UU y Gran Bretaña establecieron una Comisión de Fronteras para resolver estos problemas fronterizos. En las conversaciones se sugirió que se estableciera una línea a través del Canal de San Juan, lo que daría a EE.UU todas las islas principales con la excepción de las islas de San Juan, pero la oferta fue rechazada y la comisión concluyó sin que se llegara a ningún acuerdo y sin que se trazarán claramente las líneas fronterizas. Debido a esta ambigüedad, tanto los EE.UU. Como Reino Unido reclamaron la soberanía sobre las islas de San Juan, un lugar de poco valor territorial pero de importante valor estratégico.

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En este periodo de disputa, la Compañía de la Bahía de Hudson del Reino Unido estableció operaciones en la isla y la convirtió en un rancho de ovejas, mientras que en otra parte de la isla se establecieron unos 30 colonos norteamericanos.

Volvamos ahora al suceso del cerdo. Tras reclamar cada parte implicada ayuda a sus respectivas autoridades, por un lado los estadounidenses enviaron al general brigadier William S. Harney, al mando de 66 soldados de Noveno de Infantería. Por otra parte, los británicos, temiendo que los estadounidenses ocuparan la isla y se establecieran definitivamente en ella decidieron enviar tres buques de guerra bajo el mando del Capitán Geoffrey Hornby. La escalada continuó y el 10 de agosto de 1859, 461 estadounidenses con 14 cañones se oponían a cinco buques de guerra británicos armados con 70 cañones y tripulados por más de 2000 hombres. La órden de sus respectivos mandos había sido la misma: no iniciar el conflicto, por lo que una calma tensa flotaba en el ambiente mientras ambos bandos se lanzaban todo tipo de insultos con el fin de que la otra parte se decidiera por fin a iniciar las hostilidades, pero sin éxito.

Cuando las noticias sobre la crisis llegaron a Washington y Londres, los funcionarios de ambas naciones tomaron medidas para calmar el incidente. James Buchanan, presidente de EE.UU., envió al general Winfield Scott a negociar con los británicos. Las negociaciones de “paz” culminaron con un acuerdo por el cual se mantendría la ocupación militar conjunta (reducida a una presencia simbólica de no más de 100 hombres) de la isla hasta que se alcanzase una solución definitiva.

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Finalmente en 1871, Gran Bretaña y EE.UU. firmaron el Tratado de Washington, en el cual, entre otras cosas, se decidió someter la disputa al arbitraje del Káiser Guillermo I de Alemania. La comisión creada por éste decidió el 21 de octubre de 1872 dar la razón a EE.UU., por lo que los británicos se retiraron definitivamente de la isla y ésta fue entregada a los estadounidenses. Finalizaba así un conflicto iniciado años atrás por un cerdo hambriento que un buen día decidió desayunar en terreno ajeno.

 

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