La ciencia también nos engaña

Por Pablo Alonso.

Si el último estudio que vemos en las noticias afirma, porque así lo dicen los científicos, que se ha encontrado el gen de la felicidad, por poner un ejemplo, habrá quien le dé credibilidad. Obviamente, pensarán, la ciencia no miente y, por supuesto, aquello que nos presente, teniendo en cuenta que no nos quiere engañar sino sólo ampliar conocimiento, será verdad. He puesto este ejemplo, pero podría poner tantos otros como cuando la craneometría, allá por principios del siglo pasado, postulaba que la inteligencia podría deducirse de determinadas variables cuantificadoras de la estructura craneal. Casualmente, los blancos, aquellos que hacían los experimentos, mostraban, según sus criterios, unos índices mayores de inteligencia que los negros u otras razas. Todo valía, desde la estructura del cráneo (dolicocéfalo o braquicéfalo) hasta el peso, o la localización del foramen magnum. En una de las más prestigiosas revistas de medicina, la American Medicine (1907), se decían cosas como, en referencia a un estudio del médico Robert Bennett Bean sobre el cuerpo calloso: “Bean habría proporcionado la explicación anatómica del fracaso total de las escuelas negras que imparten enseñanza de tipo superior, dado que el cerebro del negro es tan incapaz de comprenderla como lo sería un caballo que tratase de entender la regla de tres”.  Años después se demostró que esto carecía de fundamento y que, lo único que había detrás eran un conjunto de prejuicios y creencias que trataban de avalar determinadas posturas morales y conceptuales sobre la sociedad y el humano.

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¿La ciencia siempre dice la verdad? Sería ingenuo pensar que, aquellos que se dedican a ahondar en el conocimiento (no sólo los científicos), están carentes de condicionantes que orientan sus investigaciones. Por un lado, como comentaba en el párrafo anterior, nos encontramos con factores que tienen que ver con las creencias, los prejuicios y la ideología; por otro, tenemos la financiación. Para lograr asentar una determinada idea, la mejor forma de hacerlo es contar con el apoyo de los estudiosos.

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Para reforzar lo que se expone en el párrafo anterior, vamos ahora a trasladarnos a España, a finales de los años 30, donde cierto individuo llevó a cabo una serie de “estudios” para tratar de buscar el “gen rojo”, y así comprender por qué había mujeres que apoyaban al bando republicano. Pues bien, venía a decir que, las mujeres republicanas, se encontraban cercanas a los niños y a los animales y que, cuando se rompían los frenos sociales, se convertían en seres crueles al no tener ningún tipo de inhibición inteligente y lógica. ¿Qué pensáis de esta persona? Si tomamos por cierta la premisa inicial del artículo, por la cual la ciencia no miente, alguien podría pensar que semejantes disparates son ciertos. Ahora bien…quien dijo esto fue Antonio Vallejo-Nájera, catedrático de psiquiatría al servicio del régimen que se había implantado en España. Sabiendo esto no será difícil darse cuenta de que sus estudios, lo que decía y defendía, tenían unas claras intenciones detrás, y difícilmente podría tomarse como cierto sus presupuestos y estudios.

Así que, cada vez que nos expongamos a un nuevo estudio revelador que nos presenta la idea definitiva sobre el ser humano, sus genes, o cualquier cosa que se quiera, no lo tomemos en serio sin hacer un detenido análisis, viendo los intereses que subyacen.

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