Los Zombies han llegado.

Por Pablo Alonso.

Parece que los zombis han salido de la pequeña pantalla y han llegado hasta nuestra propia genética, aunque he de adelantar a los amantes de The Walking dead que no tiene nada que ver con ese tipo de zombis, ni que piensen que, al menos por el momento, vaya a haber un holocausto zombi. Desde la Universidad de Washington ha llegado un estudio con unos resultados sorprendentes: después de la muerte, hay genes que permanecen activos.

Los sujetos de estudio fueron ratones y peces cebra que, tras ser sacrificados, se hizo un seguimiento de su actividad genética durante dos y cuatro días, respectivamente. Si bien se sabe que algunas células permanecen con vida tras la defunción, se suponía que, la muerte de los animales, traería consigo la inactividad genética. Lo que los investigadores encontraron es que centenares de genes permanecían en activo, intensificando su actividad durante las primeras veinticuatro horas, y reduciéndose paulatinamente. El equipo de Peter Noble observó 36.811 genes de pez cebra y 37.368 de ratón, descubriendo que, en activo, había 548 genes en los peces, y 515 en los ratones.

Es interesante ver el tipo de genes que se activan, ya que son aquellos que están llamados a intervenir cuando el cuerpo está sometido a un estado de peligro y, por tanto, tienen que contrarrestar dicho efecto, así como poner en marcha el sistema inmunológico o estimular la inflamación. Otro tipo de gen que se activa tras la muerte, que es especialmente curioso y que ha llamado la atención a los investigadores, son aquellos que ayudan en el desarrollo del embrión y que, sin embargo, dejan de ser necesarios tras el nacimiento, lo cual no deja de ser una paradoja: la muerte como el renacimiento genético. Para explicar esto último, dicen que el “ambiente” que se produce tras la muerte, sería similar al de la gestación.

Respecto a las implicaciones que tiene, por un lado podría ayudar a encontrar fórmulas más adecuadas para la conservación de los órganos que podrían ser trasplantados; y por otra parte encontramos aplicaciones en la ciencia forense ya que, debido a la activación de determinados genes, en función de cuando se produzca, se podría determinar el momento en el que se habría producido el fallecimiento.

Con esta investigación, el equipo espera poder, a través del conocimiento de la muerte, ampliar información de la vida. Desde luego, esta investigación no sólo plantea un nuevo horizonte dentro del campo de la ciencia, sino que plantea un interesante tema para debatir entre los filósofos, y estoy seguro de que no se hará esperar.

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