Mitos y leyendas de la hipnosis

Escucha mi voz, cuando cuente hasta tres caerás en un profundo y plácido sueño…

Por Juan Luis Saavedra.

El hipnotismo es una disciplina que, debido al conjunto de mitos y leyendas que conforman nuestro imaginario colectivo, ha llegado a nuestros días como una suerte de “magia” practicada por personas que, péndulo en mano, son capaces de someter nuestra voluntad.

Nada más lejos de la realidad, la hipnosis es una herramienta utilizada por la psicología clínica. Aunque se aleja bastante de los ritos que podemos ver en el cine o en espectáculos, los cuales se encargan de convertir el desconocimiento en diversión para toda la familia.

¿Cuáles son las mentiras de la hipnosis?

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Derren Brown hipnosis gif

               Derren Brown “hipnotizando” a un voluntario.

Nadie sabe con certeza cuándo aparece la hipnosis. Sin embargo, los primeros indicios de su existencia los encontramos en un documento escrito 1.500 años antes de Cristo, el papiro de Harris. En él se muestra a un sacerdote egipcio “magnetizando” a un paciente o adepto. Además, en los muros del templo de Imhotep (Dios de la curación), podemos ver jeroglíficos que muestran escenas similares. No obstante, para entender qué significa el “magnetismo” y de dónde nacen los mitos modernos de la hipnosis debemos dar un gran salto en el tiempo.

 

Papiro de Harris

                                                            El gran papiro de Harris.

Nuestra particular forma de concebir la hipnosis nace a finales del siglo XVIII de la mano del médico alemán Franz Mesmer. Desarrolló una técnica un tanto estrafalaria para “curar” a sus pacientes, que consistía en hacerles beber un preparado con limaduras de hierro para más tarde realizar una serie de “toques mágicos” con unos imanes. Defendía que mediante estas prácticas sanaba a sus pacientes gracias a algo llamado magnetismo animal. Pronto el mesmerismo creció en popularidad entre la aristocracia de la época y se convirtió en algo a medio camino entre el espectáculo y la sanación.

El mesmerismo aseguraba equilibrar el magnetismo animal de las personas; y esto que ya en su época fue tachado de pseudociencia, hoy, como ya dijimos en nuestro artículo “Power Balance y los delirios electromagnéticos“,  se trata de algo disparatado. Sin embargo esto no impide que pulseras o brazaletes, como las Power Balance, sean éxito de ventas, prometiendo efectos beneficiosos para la salud basados en principios desmentidos en el siglo XVIII.

En cualquier caso así es como nace el primer mito sobre la hipnosis. Mesmer establece la idea de que, mediante ciertos procedimientos, se puede llegar a controlar a otra persona.

V0011094 A practictioner of Mesmerism using Animal Magnetism

                                                    Mesmerista magnetizando a una paciente.

El segundo mito aparece cuando el aristócrata francés Armand Jacques de Chastenet se inicia en el mesmerismo y comienza a “magnetizar” a sus criados. Una de estas investigaciones dio lugar a un episodio en el que uno de sus criados entró en un estado de trance, en el que parecía encontrase dormido, pero obedecía las ordenes del magnetizador.

A este fenómeno lo denominó sonambulismo provocado y es el germen del mito de que la hipnosis provoca un estado de somnolencia. A pesar de ser un hecho anecdótico, vemos que esta creencia ha llegado intacta a nuestro tiempo. Es frecuente que en un espectáculo televisivo un hipnotizador llame a varios “voluntarios” para inducirles un estado de somnolencia con una facilidad sorprendente.

De hecho, aunque hoy no tenga demasiado sentido, la palabra hipnosis deriva del griego Hypnos, la personificación del sueño.

Hipnosis pendulo Charlas de Sobremesa

Siguiendo los planteamientos de sus predecesores, encontramos a Abate José Custodio de Faria, el cual fue el primero en dotar de una dimensión psicológica al hipnotismo, al entender que estaba basado en el poder de la sugestión y no en el magnetismo.

El Abate Faría, comprendió que la hipnosis era un fenómeno psicológico y lo conceptuó como un “sueño lúcido“, destacando que para hacer aparecer este sueño, era necesaria la concentración por parte del sujeto. Además establece que el sujeto debe estar dispuesto y aceptar ser influenciado, por lo tanto lo entendemos como un acto voluntario.

Es imposible imponer nuestra voluntad sobre otra persona mediante hipnosis, ya que durante el “trance” la persona sigue siendo plenamente consciente de sus actos. Por tanto si un día veis en “prime time” a alguien imitando a una gallina durante un supuesto trance, o bien es una persona que gusta de llamar la atención o es un actor pagado.

Este giro hacia la sugestión,  será el primer paso hacia la concepción moderna de la hipnosis. Y a pesar de que ha sido investigada por científicos de prestigio como Charcot, Liébeault, Freud, Pávlov o Santiago Ramón y Cajal entre otros; existen muchos mitos que perduran y aún no hemos mencionado, a pesar de su extensa investigación.

Uno de los mitos más extendidos es la aparente amnesia que sufre un paciente después de someterse a una sesión hipnótica. “Espera, ¿me has hipnotizado?” Esto lo vemos mucho en el cine; pero en la realidad ocurre tan poco que casi podemos afirmar que es falso.

Otro de los mitos es la capacidad de la hipnosis para incrementar la precisión de la memoria, incluso para recordar aquellos momentos de la infancia que casi nadie consigue rememorar. Incluso podemos afirmar que, teniendo en cuenta que nuestra memoria es reconstructiva, la hipnosis puede provocar falsos recuerdos.

En definitiva, podemos decir que la hipnosis es lo más parecido a ir al cine. En el mismo momento en el que te sientas en la butaca, sabes que lo que vas a ver no es real, pero voluntariamente decides que el rato que dure vas a dejarte llevar por la experiencia. Además, si no te gusta, puedes levantarte y abandonar la sala, ¿verdad?

Pero espera, ¿eso significa que la hipnosis es un mero pasatiempos?

No exactamente, la hipnosis tiene numerosas aplicaciones clínicas que abordaremos en un próximo artículo. Hasta entonces, te pesan los párpados y cuando cuente hasta tres, dormirás plácidamente.

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