Pokemon GO, drogas y pornografía.

Por Juan Luis Saavedra.

Todo videojuego aspira, no solo a que disfrutemos de sus cualidades, si no que además nos quedemos “capturados” y completamente adictos a lo que nos ofrece. En este sentido parece que la nueva aplicación Pokemon GO lo ha conseguido, sacando de casa a nostálgicos de los 90 y a nuevas generaciones con el objetivo de “hacerse con todos“.

No seré yo quien venga a descubrir el enorme peso que tiene la psicología en la industria del videojuego, pero el caso de Pokemon es paradigmático, puesto que Nintendo lleva, literalmente, haciendo el mismo juego desde 1995. Introduciendo pequeñas mejoras a cada entrega, pero en esencia con el mismo objetivo de conseguir, recolectar y coleccionar un determinado número de monstruos de bolsillo.

¿Cómo consiguen que sigamos jugando?

Pokemon Games Charlas de Sobremesa3

Pokemon y la fábrica de dopamina.

Por un momento imagina que en el salón de tu hogar aparece una palanca. Una enorme y brillante palanca que, con la cautela apropiada decides accionar. Inesperadamente sientes un cosquilleo que recorre tu cuerpo que acaba cristalizando en una sensación de placer breve pero muy intensa. Una vez disipada la confusión inicial, ¿volverías a accionar la palanca?

Probablemente sí. Accionarías la palanca una y otra vez, hasta morir.

O al menos eso hizo la rata del experimento de Peter Miler y James Olds, los cuales implantaron unos electrodos en el cerebro del pequeño animal, que se encontraba en una caja en la que no había nada más que una palanca. Al accionarla una pequeña descarga eléctrica estimulaba ciertas regiones del cerebro que liberan dopamina, el neurotransmisor esencial en el sistema de recompensas y castigos.

Este sistema se encarga de reforzar aquellas conductas que nos ayuden a perpetuar la especie. Cuanto más pro-supervivencia y más nos haya costado obtener lo que deseamos, más importante será el premio dopamínico. Es por esto que comer, beber o practicar sexo nos resulta tan gratificante. ¿Pero qué ocurre cuando podemos “hackear” el sistema y conseguir esos estímulos de forma artificial? Bueno, ahí tenemos a la rata, accionando la palanca 7.000 veces por hora.

Aunque nosotros no seamos ratas, también tenemos nuestras palancas: pornografía, drogas y Pokemlos videojuegos. Y no, no voy a demonizar a los videojuegos, de hecho los últimos estudios evidencian sus numerosos beneficios, entre ellos el desarrollo cognitivo. Sin embargo me parece interesante explicar cómo muchos de ellos, incluido Pokemon GO, abusan de nuestro sistema de recompensa y castigos.

pokemon-go

El coleccionista de estímulos

Existe un amplio abanico de géneros de videojuegos y cada uno explota este sistema de formas diferentes. El género de mundo abierto o “sandbox” te invitará a completar breves misiones secundarias o retos de habilidad a cambio de puntos; el género de disparos o “shooter” te premiará por hacer disparos de precisión o cumpliendo misiones de una forma determinada; pero el que mejor ejemplifica esto es el videojuego incremental o juego de clics.

Cookie Clicker o Clicker Heroes son ejemplos de este tipo de juegos, cuya premisa es hacer clic repetidamente en un objeto para obtener puntos, y con estos comprar mejoras. Una premisa realmente sencilla, monótona y contra todo pronóstico, adictiva. Cada clic que ejecutamos significa accionar la palanca, cada mejora que compramos es la liberación de dopamina.

Ahora bien, lo que hace Pokemon GO para engancharnos se puede resumir en una palabra: coleccionismo.

Hallamos algo enormemente gratificante en coleccionar todo tipo de objetos. Por una parte creemos que aquello que coleccionamos dice mucho sobre nuestra personalidad, que nos aporta valor como personas y que quizá nos será útil en el futuro. Coleccionando satisfacemos un deseo de autosuperación y la necesidad de expresar inequívocamente el control sobre un aspecto de nuestra realidad privada.

En ese sentido Pokemon GO nos ofrece una forma rápida, virtual e interactiva de satisfacer este deseo. Cada vez que capturamos un Pokemon sentimos ese estímulo placentero, cuanto más raro o difícil de conseguir, más poderosa será la sensación; y a la vez, el hecho de completar poco a poco la colección nos otorga valor frente a otros jugadores y también para nosotros, al cumplir ese objetivo (auto)impuesto de “hacerse con todos“. Todo esto se traduce, en definitiva, en más y más placer.

Pokemon GO trae muchas cosas positivas. De hecho, se está estudiando su viabilidad para combatir trastornos mentales relacionados con la ansiedad y la fobia social. No en vano es de los pocos videojuegos que te invitan a salir a la calle a relacionarte con los demás y a practicar ejercicio.

Sin embargo, debemos entender qué es lo que tenemos entre manos. Y es que el colosal éxito de esta aplicación quizá haya sobrepasado el terreno de la mera diversión para explorar, en algunos casos, los pantanos de la adicción.

Puede que al final del día no seamos más que un “Pikachu“, accionando la palanca una y otra vez.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s