El disco de oro de la Voyager

Por Pablo Alonso.

Desde hace siglos, al ser humano siempre le ha interesado aquello que se encontraba por encima de sus cabezas. Veían unas luces titilar en la inmensidad de un mar azul que captaba su atención, así lo prueban los diversos estudios arqueológicos que se han llevado a cabo. Décadas atrás se pudo materializar ese “sueño” y convertirlo en algo más que mera inquietud y suposiciones, pudiendo surcar aquello que antaño parecía imposible. Pero decidimos ir un paso más allá y, aprovechando el viaje para ampliar conocimientos, presentarnos a la inmensidad del espacio. Puesto que éste es infinito, seguro que tiene que haber alguna otra civilización inteligente, o puede que no, como tratamos con anterioridad en otro artículo sobre la paradoja de Fermi.

En cualquier caso, los estadounidenses decidieron  ponerse manos a la obra. Corría el año 1977 cuando la Voyager 1, una sonda espacial de aproximadamente 722 kg,  fue lanzada desde Florida. La misión o el objeto con la que fue lanzada, tanto esta primera sonda como su hermana gemela, la Voyager 2,  era la de conocer los límites del Sistema Solar, permitiéndonos conocer Saturno y Júpiter,  e ir más allá, al espacio interestelar. A principios de 1979 llegó a Júpiter y, en noviembre de 1980, a Saturno, aunque ya se contaban con fotografías de estos planetas puesto que, 5 o 6 años atrás, la sonda espacial Pioneer se dejó ver por la órbita de estos planetas.

Artist's Concept of Voyager

Una de las peculiaridades, o quizás una de las que más le llama la atención al que se dirige a vosotros, es el extraño objeto que llevan en su interior estas sondas. Un disco de oro de gramófono,  sesuda y reflexivamente  estudiado, contendría toda aquella información que se querría mostrar a un supuesto receptor extraterrestre, y que le daría una imagen de lo que encontraría en la Tierra y en la humanidad. Si bien su contenido fue un quebradero de cabeza, finalmente, el equipo de científicos, con Carl Sagan a la cabeza, consiguió que el famoso disco de oro de la Voyager viera  la luz. Su contenido incluiría saludos en 55 idiomas diferentes, que incluiría hasta el sumerio, para demostrar que somos una especie educada. Además, un conjunto de 116 fotografías, pondría cara a la Tierra, a los humanos, a su sociedad, etc., acompañadas de una selección de sonidos de la Tierra y de piezas musicales.

voyager-disc-fotos-espacio-NASA

No obstante, teniendo en cuenta el alcance de las ondas que emite, la inmensidad del espacio, y que la sonda, con el tiempo, dejará de emitir radiación, no está muy claro que alguna vez sea detectada. Aunque no es la primera vez que se toma un tipo de iniciativa de este tipo, por si acaso se diera el contacto. La previamente citada sonda Pioneer, tanto la 10 como la 11, lleva consigo una placa que contiene un dibujo con las figuras de una mujer y un hombre, que más bien parecen una especie de Adán y Eva saludando (aparecen completamente desnudos, aunque eso sí, debidamente peinados), y unas indicaciones que determinan dónde se encuentra la Tierra.

Pioneer_plaque.svg

En 2012 la NASA informó de que la Voyager 1 había llegado al límite del Sistema solar, cruzando al espacio interestelar en 2013. Me entra la duda de, si en el caso de que alguien encuentra dichas sondas, teniendo en cuenta como nos tratamos entre nosotros, querrán conocernos o no. Por otra parte, hay una cosa que no tuvieron en cuenta casi ya 4 décadas atrás y es si, esas posibles civilizaciones extraterrestres, contarían con un gramófono que les permitiera ver la mejor de nuestras caras.

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