El guitarrista que vendió su alma al Diablo

Por Diego Alonso.

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“Fui a la encrucijada y caí de rodillas, pedí al Señor, ten piedad, salva, por favor, al pobre Bob” canta aterrado nuestro protagonista, como si estuviese recordando alguna experiencia terrible vivida en algún solitario cruce de caminos.

Hablamos de Robert Johnson, el considerado por muchos como el mejor guitarrista de la historia. Johnson nació al sur del estado de Mississipi un 8 de mayo de 1911, fruto de una relación esporádica entre su madre y un desconocido.

La música le atrajo desde una edad temprana: tocó el arpa y la armónica, y posteriormente la guitarra, todo ello sin mucho talento y con muy poco virtuosismo.

Su otra gran pasión, las mujeres, le obligó a cambiar frecuentemente de nombre y apellido con el fin de escapar de maridos celosos, aunque parece que en 1929 decidió sentar la cabeza y contrajo matrimonio con Virginia Travis, una joven de 16 años. Parecía que la estabilidad y la felicidad llegaba a su vida pero al poco tiempo Virginia falleció al dar a luz. El hijo de Robert murió con ella.

Robert_Johnson

A partir de ese momento, Robert Johnson se transformaría en un alma errante que vagó por el sur de EE.UU. buscando en el Blues el consuelo por su pérdida. Tras tocar en algunos clubes sin mucho éxito comenzó a relacionarse con el bluesman Son House, de cuyo sonido quedó prendado. Sin embargo House no pensaba lo mismo de Johnson, el cual a su juicio era un músico mediocre que haría mejor dedicándose a otras cosas.

En 1931, Robert decide salir a la búsqueda de su padre, un tal Noah Johnson, desapareciendo durante varios meses. Cuando regresa, algo en él ha cambiado, el músico mediocre que fue se ha transformado en otro cuya técnica es exquisita y que derrocha un talento hasta ahora desconocido, como dijo Son House parece que Johnson “Ha vendido su alma al Diablo para tocar así”.

Desde ese momento comenzó a tejerse la leyenda, que fue alimentada en parte por el mismo Robert. Se decía que el músico había vendido su alma al diablo en un cruce de caminos cerca de Clarksdale, Mississipi, a cambio de tocar blues mejor que nadie. Johnson habría esperado en la intersección hasta medianoche con su guitarra en la mano. A esa hora, el Diablo habría acudido al lugar y tras tomar la guitarra del músico y afinarla, se la habría devuelto, diciéndole que a partir de entonces lo único que tendría que hacer es deslizar sus dedos por el mástil para interpretar el mejor blues de la historia.

robert johnson pacto diablo

Mito o realidad, lo cierto es que Robert Johnson deambuló tocando por todo el sur de EE.UU, como si huyera de alguien. Las letras de sus canciones alimentaban el misterio porque trataban sobre desesperación religiosa y demonios interiores. La gente que le escuchaba decía que tenían la sensación de que sonaran dos guitarras simultáneamente y su fantasmal voz podía cambiar de tonos y de formas. Su vieja Gibson le acompañaba allí donde iba y quienes lo vieron tocar en los clubes, siempre en un escenario en penumbra, aseguraban que sus ojos estaban desorbitados como si estuviera poseido por el mismísimo Diablo.

Johnson buscaba a una mujer en cada ciudad, tocaba en un local y desaparecía. Así fue su vida hasta el 13 de agosto de 1938, cuando el Diablo vino a reclamar su alma en Greenwood, Carolina del Sur. Ese día Robert debía tocar en un local llamado “Three Forks”, pero tuvo la mala idea de intentar seducir a la mujer del dueño de dicho local. Minutos antes de comenzar el espectáculo, una botella de whisky misteriosamente abierta llegó a su mesa y Johnson bebió de ella sin sospechar nada.

En mitad del concierto, comenzó a sentir molestias físicas, así que paró de cantar, dejó su guitarra a un lado y salió a la calle. Estuvo perdido durante tres días, y cuando fue encontrado, ya estaba muerto, tenía 27 años. La versión oficial determinó que Robert había sido envenenado con estricnina que contenía la botella de whisky, pero quien sabe, igual fue el Diablo quien acudió a reclamar el alma que por derecho le correspondía.  Ya lo decía el propio Robert Johnson en su canción “Me and the Devil”:  “Temprano en la mañana, cuando tocas a mi puerta. Digo hola a Satán, Creo que es hora de irme”

cruce de caminos robert johnson

 

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