La decisión más difícil

Por Pablo Alonso.

Las alarmas empezaron a saltar, y el radar detectaba una serie de objetos que surcaban el cielo, dirección Rusia. Primero fue uno, con lo que  Stanislav Petrov , lejos de alterarse, decidió mantener la calma y esperar;  pero pronto fueron más los objetos que iban apareciendo, lo cual parecía alertar de un inminente ataque de misiles estadounidenses. Con toda probabilidad, el incidente de 1983 y la decisión que tomó este teniente coronel soviético, sería la más difícil de su vida.

Recordemos que nos situamos en la Guerra Fría, donde Rusia y EEUU, junto con sus áreas de influencia,  mantuvieron durante casi 50 años una tensión constante, que en cualquier momento podía desatar una nueva guerra.

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Aquella noche del 26 de septiembre, Petrov se encontraba al cargo del búnker Serpuj-15, desde donde se coordinaba la defensa aeroespacial rusa. Encontrándose esa noche en el centro de mando de  inteligencia militar, su misión era la de alertar a los mandos de cualquier posible ataque por parte del enemigo, lo que desembocaría en un Apocalipsis Nuclear. Las sirenas empezaron a sonar, inundando toda la estancia; después otra, y otra, hasta seis alarmas sonaron esa noche.

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El protocolo a seguir era muy claro: tras detectar un ataque, habría que alertar a los superiores e iniciar el contraataque. Sin embargo, Petrov, estaba pegado a la silla, analizando los datos que arrojaban los sistemas operativos, y que apuntaban a un alto nivel de fiabilidad de la alarma. Tenía sus dudas, pero su formación civil, a diferencia de la de sus compañeros, que eran estrictamente militares, le permitió pararse a pensar por un momento y no actuar como un resorte, cogiendo rápidamente el teléfono para alertar de lo sucedido e iniciar el protocolo. Algo había en el ordenador que no le acababa de cuadrar. Además, un grupo de operadores, que actuaban como apoyo, cuyo cometido era el de observar las fuerzas de misiles estadounidenses, le indicaron que no habían registrado ningún misil. Todo ello convenció a Petrov; descolgó el teléfono, se dirigió a su superior, y le indicó que se trataba de una falsa alarma.

En cuanto al destino de Stanislav Petrov tras esta decisión, si bien las autoridades consideraron que se había equivocado en su proceder (las anotaciones en la bitácora no eran correctas), dado que había roto con el protocolo establecido , no fue castigado, aunque sí fue reasignado a un puesto inferior, cayendo en el olvido su historia, hasta que el colapso de la URSS hizo que saliera a la luz. Sin embargo, con posterioridad ha sido galardonado con distintos premios en honor a su hazaña y temperamento y, lo que es más importante, evitó que una guerra nuclear se desatara.

Actualmente, este antiguo militar de casi 80 años,  reside en un pequeño pueblo cercano a Moscu, teniendo en la retina aquella noche que podría haber cambiado todo

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