Cuando usaron el cubismo para camuflar barcos.

Por Diego Alonso.

Estos días ha vuelto a ponerse de actualidad la I Guerra Mundial con la aparición de un videojuego que retrata el conflicto y que permite a los jugadores enfrentarse nuevamente en el campo de batalla, esta vez eso sí, de manera virtual.

La I Guerra Mundial fue, como su nombre indica, el primer conflicto a escala planetaria que enfrentó a las principales potencias de la época. Por un lado los llamados Aliados: Gran Bretaña, Francia, Italia, Rusia, EE.UU y otros países de menor peso internacional como Portugal, Grecia, Finlandia o Costa Rica (esta última declaró la guerra pero nunca participó militarmente); así como las colonias que estas potencias poseían repartidas por todo el globo. En el otro bando las Potencias Centrales: Alemania (y sus colonias), Austro Hungría, Imperio Otomano y Bulgaria.

El conflicto se convirtió en un apocalipsis de caos y destrucción que causó casi 40 millones de muertos, una guerra tan cruel que se dijo de ella que sería “la guerra que acabaría con las guerras”, aunque sabemos que poco tiempo después se vivió un conflicto aún peor.

Al ser un conflicto global, los combates no solo tenían lugar en tierra firme, sino que los mares también fueron testigos de diversos enfrentamientos entre las potencias.

A principios de 1917, la situación de Alemania empezaba a ser desesperada, por lo que el Kaiser Guillermo II autorizó una nueva estrategia de combate naval para hacer frente a la abrumadora superioridad de los Aliados: la guerra submarina total por lo que, a partir de ese momento, cualquier buque podía ser atacado y hundido si los comandantes de los submarinos lo consideraban oportuno. Como consecuencia de ello, el porcentaje de mercantes hundidos se disparó y las líneas de suministros se resintieron.

El Alto Mando aliado vio con preocupación esta nueva táctica alemana ya que navegar se había convertido en una actividad de alto riesgo. Para tratar de evitar mayores pérdidas de navíos, las autoridades militares aliadas buscaron formas que permitieran a los barcos navegar sin temor de que un U-Boot los mandase al fondo del océano.

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Una de estas técnicas fue la llamada Dazzle Section, una división de mercantes cuyos barcos habían sido pintados de una forma insólita, se podría decir que incluso rozaba la psicodelia, con trazos geométricos de distintos colores y tamaños. Su creador, Norman Wilkinson, un pintor e ilustrador británico que servía en la reserva de la Royal Navy, aseguraba que gracias a ese “camuflaje”, el enemigo confundiría las dimensiones del barco, su posición e incluso su rumbo, por lo que sería incapaz de atacar con garantías y sin revelar su posición, lo que aseguraría la supervivencia del mercante y la localización del U-Boot. Según el propio Wilkinson, aquella pintura podía distorsionar la posición del barco, a ojos de un submarino, entre 8 y 10 grados, suficiente para que este fallara el tiro y que el mercante pudiera ponerse a salvo.

Las pruebas realizadas sobre un primer prototipo fueron satisfactorias, por lo que en octubre de 1917 se le pidió a Wilkinson que “camuflase” medio centenar de buques de transporte.

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Un equipo compuesto por 19 personas, entre ellas 5 artistas y 11 estudiantes de arte, se pusieron manos a la obra y elaboraron los diseños que debían cubrir las embarcaciones, siendo todos ellos diferentes para evitar que las tripulaciones alemanas se acostumbraran a ellos. Para 1918 se habían camuflado más de 2000 unidades, cifra que se doblaría antes de terminar la guerra.

Pero, mientras la Royal Navy apostaba seriamente por esta táctica pictórica, no ocurrió lo mismo con la prensa de la época, que se tomó el asunto como una broma e inundaron los periódicos con caricaturas y alusiones al arte contemporáneo, como si estos barcos no fueran más que cuadros flotantes.

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No está clara su efectividad, aunque es cierto que durante el primer trimestre de 1918 el número de navíos hundidos se redujo. En 1919, acabada la guerra, se llevó a cabo un estudio cuyas conclusiones fueron que el modelo Dazzle sí inducía a error tal y como afirmaba su creador. Posteriormente, en 2011, un nuevo estudio de la Universidad de Bristol también sacó conclusiones positivas, aunque los expertos no consiguieron determinar con exactitud si la extraña pintura incidió o no en los ataques alemanes.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la pintura Dazzle vivió de nuevo una edad dorada, aunque esta fue corta, ya que las autoridades se dieron cuenta de lo costoso que resultaba el mantenimiento de la misma y optaron por regresar al sobrio color gris.

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