Los presidentes de EE.UU. malditos

Por Diego Alonso.

El 8 de noviembre se celebran las elecciones en EE.UU. Barack Obama agota su último mandato y los estadounidenses deben elegir nuevo presidente. Los candidatos que se postulan al cargo son: la demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump. Sea quien sea el ganador, en caso de que sean reelegidos, corren el riesgo de sufrir la “Maldición de Tecumseh”.

En 1811 tuvo lugar la denominada batalla de Tippecanoe, entre fuerzas norteamericanas, al mando del recién nombrado gobernador de Indiana, William H. Harrison (que posteriormente sería candidato a la presidencia de EE.UU.) y la tribu de los Shawnee, lideradas por Tecumseh y su hermano Tenskwatawa, conocido como “El Profeta”. Tras la derrota de estos últimos, Tenskwatawa lanzó una maldición contra los “Grandes Padres Blancos”, como venganza al dolor y sufrimiento sufrido por su pueblo:tecumseh

“Les digo que Harrison morirá y cuando el muera ustedes recordarán la muerte de mi hermano Tecumseh. Ustedes creen que he perdido mis poderes, yo que hago que el sol se oscurezca y los pieles rojas dejen el aguardiente. Pero les digo que el morirá, y después de él, todo Gran Jefe escogido cada 20 años de ahí en adelante morirá, y cuando cada uno muera,
que todos recuerden la muerte de nuestro pueblo.”

william-h-harrisonHarrison fue elegido presidente de EE.UU. en 1840 y tal y como predijo la profecía, murió de una neumonía 32 días después de jurar el cargo, siendo el primer presidente en fallecer en su cargo, y el presidente de EE.UU. con el mandato más corto de la historia.

Dos décadas después la profecía volvió a cumplirse. Abraham Lincoln, elegido en 1860, fue asesinado mientras disfrutaba de un espectáculo en el teatro Ford a manos de John Wilkes Booth, un simpatizante sudista.

Las elecciones de 1880 dieron como ganador a James A. Garfield, el cual fue asesinado en la sala de espera de la estación de tren de Washington por el abogado Charles Jules Guiteau, al que el presidente había negado un cargo público.

Veinte años más tarde le tocó el turno a William McKinley, que fue asesinado por el anarquista Leon Czolgosz.

Warren G. Harding, presidente elegido en 1920, murió durante su mandato de un ataque cerebrovascular y Franklin D. Roosevelt, reelegido en 1940, fallecía de una hemorragia cerebral cuando estaba todavía en el cargo.

La última muerte de la lista es la de John F. Kennedy, el cual perdía la vida de un disparo durante una visita a Dallas. Había sido elegido en 1960.

kennedy-dallas

Siguiendo con esta fatídica tradición, era de esperar que Ronald Reagan, elegido en 1980 sufriera el mismo destino que sus antecesores, sin embargo, esto no fue así y Reagan sobrevivió a su mandato, aunque no se libró de sufrir un atentado a los pocos meses de llegar al poder. Se rompía de esta forma la profecía lanzada por Tenskwatawa. Para los que creen firmemente en la misma, esta invulnerabilidad del presidente se debió a los esfuerzos de su mujer, Nancy Reagan, la cual acudió a diversos astrólogos y gracias a la ayuda de estos, el presidente pudo esquivar la maldición y terminar su mandato saliendo por su propio pie de la Casa Blanca.

Lo mismo sucedió con el siguiente presidente que debía haber sido afectado por la maldición, George W. Bush, el cual pudo terminar su mandato sin perder la vida, aunque en 2005 durante una visita a Georgia, sufrió un atentado del que salió ileso.

Mito o realidad.

A día de hoy es difícil demostrar que la frase pronunciada por el indio Tenskatawa fuera real, e incluso es bastante posible que la profecía se escribiera tras la muerte de Harrison.

El mito de la civilización condenada por agredir injustamente a otra o a un grupo, como pasa con la leyenda de los templarios, que tiene un contacto especial con una divinidad, está muy arraigada en la mitología de los pueblos. Los imperios reciben el castigo por menospreciar el legado de un pueblo que no se han tomado la molestia de comprender.

La supuesta “Maldición de Tecumseh” está plagada, como muchas de las profecías, de medias verdades y generalidades por lo cual permite sacar conclusiones personalizadas para las distintas situaciones. La alta mortalidad de los presidentes americanos durante su estancia en el cargo responde sobre todo a dos razones: la avanzada edad en la que la mayoría accede al cargo, y el estrés que sufren una vez están en él; y el que un país como EE.UU., donde hay más armas que habitantes, casi todos los presidentes han sufrido un atentando mientras residían en la Casa Blanca.

Otros datos que ponen en cuestión la veracidad de la profecía son que, después de la muerte de Harrison, Zachary Taylor fue el segundo presidente que murió ejerciendo su mandato, en el año 1850, a causa del cólera, y no lo hizo siguiendo el patrón marcado por la “Maldición de Tecumseh”. Por su parte, tanto Abraham Lincoln, McKinley y Franklin Roosevelt, supuestos afectados por la maldición, perdieron la vida tras ser reelegidos presidentes en varias ocasiones, lo cual aumentaba enórmemente sus probabilidades de fallecer en el cargo y, por tanto, de cumplir con lo estipulado por la profecía.

Sea verdad o no, lo cierto es que tanto Hillary Clinton como Donald Trump pueden respirar tranquilos de momento, aunque en las próximas elecciones en 2020, quien sabe.

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