El propietario de la Luna.

Por Pablo Alonso.

Seguro que todos los lectores de este artículo han visto alguna vez aquella famosa imagen en la que Buzz Aldrin, uno de los tripulantes del Apolo 11, saluda a una bandera estadounidense plantada sobre el suelo lunar, como si la hubieran conquistado. Pues bien, lectores, todos estábamos equivocados y resulta que la luna, efectivamente es americana, pero de un país un poco más al sur: Chile.

A mediados del siglo XX, un abogado chileno, Jenaro Gajardo Vera, nacido en Traiguén en 1919, pretendía pasar a forma parte de un selecto club perteneciente a la ya disminuida aristocracia talquina, el Club Talca, en cuyos salones se debatía y reflexionaba acerca de la mejor forma para evitar que las ideas revolucionarias se expandieran por el territorio. En septiembre de 1954, Jenaro acudió a dicho club con la pretensión de ser uno más; parecía que iba a pasar la prueba cuando uno de sus integrantes se opuso, ya que Jenaro no contaba con propiedades. Aunque él se encontraba molesto por la decisión, lejos de ser un impedimento, llevó a cabo, en un alarde de ingenio, una acción que nadie podría sospechar que podría suceder.

genaro_gajardo.jpg

Al día siguiente se dirigió a ver al notario de Talca, César Jiménez Fuenzalida, y le solicitó que tomara nota y dejara constancia de que se proclamaba propietario de la Luna, lo cual, aunque disparatado, según el notario,  la solicitud expuesta cumplía con los requisitos para llevar a cabo el trámite. A continuación se expone dicha solicitud:


“Jenaro Gajardo Vera, abogado, es dueño, desde antes del año 1857, uniendo su posesión a la de sus antecesores, del astro, satélite único de la Tierra, de un diámetro de 3.475.00 kilómetros, denominada LUNA, y cuyos deslindes por ser esferoidal son: Norte, Sur, Oriente y Poniente, espacio sideral. Fija su domicilio en calle 1 oriente 1270 y su estado civil es soltero”.

Jenaro Gajardo Vera
Carné 1.487.45-K Ñuñoa
Talca, 25 de Septiembre de 1954.

dueño Luna.jpg

Tras la inscripción, regresó triunfante a aquel club del que había sido rechazado, y cuyos miembros no tuvieron más remedio que aceptarle ante la innegable evidencia que Jenaro les presentó. Se había convertido en el dueño de la Luna.

Volvamos ahora al inicio de este artículo y visualicemos el Apolo 11. Corría el año 1969 y Estados Unidos se preparaba para hacer su despliegue en el satélite terrestre, pero claro, no contaban con el permiso de Gajardo. Según las normas universales de la ONU, sólo se reconocían como propiedad privada aquello que se encontrara hasta una altura máxima de 80 kilómetros, pero esa reglamentación era de 1967 y la del abogado chileno, de 1954. Jenaro, a través de su abogado, de acuerdo con el marco legal internacional, contactó con aquel país, puesto que, al fin y al cabo, pretendían ir a su propiedad.  Gajardo salió triunfante y se dice que el propio presidente estadounidense, que por aquel entonces era Nixon, le pidió autorización a su legítimo propietario para poder descender al satélite, la cual le fue concedida por el chileno.

luna-astronauta.jpg

Aunque en 1984 entró en vigor un acuerdo internacional para considerar la Luna como Patrimonio Común de la Humanidad, en 1998, cuando este peculiar personaje falleció, donó la Luna al pueblo chileno, con lo que podría decirse que son sus legítimos dueños teniendo en cuenta la historia de Jenaro Gajardo Vera

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