El lago perdido

Por Pablo Alonso.

En este artículo nos trasladamos nuevamente a Chile, aunque esta vez a la zona austral chilena: la Patagonia Chilena. Aunque el fenómeno que vamos a narrar en el presente artículo fue detectado hace unos años, allá por el inicio de la presente década, es algo que se ha estado observando de forma repetida a partir de su descubrimiento en 2012. Todavía hoy sigue siendo un misterio, aunque, como veremos, alguna explicación se ha tratado de dar.

La noche del 31 de diciembre del 2012 algo inesperado sucedía en la región de Aysén, que se encuentra a unos 2.000 kilómetros de la capital. El lago Cachet II, un lago que cuenta con 31 metros de profundidad, más o menos, y cerca de 2.000 millones de litros de agua, desapareció sin dejar rastro en cuestión de unas pocas horas.

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Si bien este fenómeno causó gran conmoción la primera vez que se detectó, las autoridades se han ido acostumbrando a ello, ya que es algo que ha empezado a convertirse en cíclico, pues son varias las veces que desaparece y reaparece a lo largo del año. Si bien en un principio se producía unas dos veces al año, cada vez se produce con más frecuencia.

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Dicho lago está sustentando por el glaciar Colonia, que actúa como un dique de esta ingente masa de agua. Se cree que, debido al calentamiento global, se producen una serie de roturas en el hielo que compone dicho dique natural, que hace que ceda ante la presión del lago y, finalmente, a través de un túnel subterráneo, éste se vacíe en pocas horas. Así que, aunque su descubrimiento causó gran asombro, parece que se han detectado las causas de este proceso y, de hecho, diversos glaciólogos han descubierto que esto no sólo se produce en el lago Cachet II, sino que es algo propio de todos los glaciares de la Patagonia. A este proceso de vaciado repentino lo denominaron “glof”, y se viene observando desde el principio de la segunda mitad del siglo XX, aunque se cree que, debido al cambio climático, está aumentando.

glaciar-patagonia

En cuanto a qué han hecho las autoridades para lidiar con ello: han instalado un sistema de monitoreo del lago que detecta el inicio del “movimiento”, lo que proporciona a los habitantes de las tierras cercanas unas pocas horas para poder escapar y ponerse a salvo. Si sigue el ciclo habitual, los aldeanos estarán preparándose para evacuar, ya que queda un mes para que se produzca su nueva desaparición y consiguiente incremento del caudal de los ríos adyacentes.

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